domingo, 29 de noviembre de 2020

 

REFLEXIÒN PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Evangelio según San  Marcos 13,33-37

 

Comenzamos hoy un nuevo año litúrgico. Volvemos a iniciar un itinerario “en espiral” alrededor del Misterio central de nuestra fe: la Muerte y Resurrección de Jesús. Así, como nos dice tan bellamente Dolores Aleixandre, “cada año recorremos este camino y en él nuestra existencia se va configurando progresivamente con la del Señor y se hace más profunda nuestra marca del “acento galileo” que permite que se nos reconozca como discípulos suyos”.

Hoy Jesús, casi diríamos que en continuidad con lo que veníamos escuchando durante estos últimos domingos, vuelve a advertirnos: “tengan cuidado y estén prevenidos!”. Tres veces nos dice en este corto pasaje del evangelio: “estén prevenidos”. ¿Y cuál es la actitud que se nos pide? Estar despiertos. Este es el aviso urgente del Adviento.


 

Y es que muchas veces se nos pasa la vida sin siquiera advertir Su Presencia en medio nuestro. Claro…es una presencia, tal y como la describe el Evangelio, que se parece a la del ladrón, que llega en el momento menos esperado…Es una llamada apremiante: necesitamos estar abiertos al misterio de su Presencia.

El Señor viene, el Señor pasa…Si estamos despiertos, atentos a su Voz, Él entrará en nuestra vida para quedarse con nosotros.

Nuestra Hna. Lucía Gil Elizalde nos decía: “El presente es la visita de Dios”. Es por eso que hemos de estar abiertos, atentos, despiertos, para que el Señor no pase sin ser advertido por nosotros.

Él quiere visitar esta “viña” (Salmo 79). Recemos con el salmista: “Que tu mano nos sostenga, para nunca apartarnos de Ti”.

María que, durante nueve meses, esperó a su Hijo, sostenga nuestra esperanza, tan desafiada en estos tiempos.

 

por Hna María de los Ángeles Puy

 

 

domingo, 22 de noviembre de 2020

SOLEMNIDAD DE CRISTO, REY DEL UNIVERSO

 Reflexión del Evangelio 

según San Mateo 25,31-46

Estamos cerrando nuestro año litúrgico, y se nos invita a contemplar a Jesús, como Rey del Universo, frente a quien todas las naciones deberán comparecer un día, para recibir el juicio definitivo de la historia.

Sin embargo, lo que nos dice hoy la Palabra, no debería perderse en la universalidad, como algo lejano a nuestras vidas. Jesús nos habla de ser el Rey, el Dueño, el Pastor de nuestra propia existencia. Por eso, nos advierte sobre lo que será juzgado ese último día. Se trata de actitudes cotidianas y muy concretas, que tienen que ver con la COMPASIÓN. Es decir, cómo nos hemos comportado frente al sufrimiento del hermano.

Si somos sinceros, no podemos pasar de largo frente a las advertencias de Jesús. Se trata de dar una respuesta concreta a una necesidad vital de aquel que se cruza con nosotros en nuestro camino. Sólo si asumimos esta actitud en nuestra vida cotidiana, podremos un día ser llamados por Jesús BENDITOS DE MI PADRE. 

Nuestra hna. Lucía Gil Elizalde, nos dice al hablarnos de la visita a los pobres: Hay que ver en todos los necesitados los miembros que sufren del Salvador Crucificado. Seamos compasivos. El peso que ellos llevan es bien pesado. Nada los hará tan felices como el sentirse comprendidos y ver que los ayudamos material y espiritualmente…

Estamos llamados a encontrar al Rey de nuestra vida y de nuestra historia, en los pobres. Si servimos a los pobres, estamos sirviendo al mismo Dios.
 
Por Hna María de los Ángeles Puy

domingo, 15 de noviembre de 2020

 

REFLEXIÓN DOMINGO XXXIII DURANTE EL AÑO

Mateo 25, 14-30

Estamos llegando al final del año litúrgico, y vemos a Jesús dirigiéndose a sus discípulos (es decir, a todos nosotros, que somos sus siervos). Nos habla de Su confianza, porque nos entrega lo Suyo para que lo custodiemos durante el tiempo en que Él tardará en volver. Él lo da a cada uno “según su capacidad”. Nada nos pedirá más allá de nuestra posibilidad.

De nuestra actitud frente a esto que nos confía, depende el que nos reconozca como “buen y fiel servidor” o como “malo y perezoso”.

No basta con devolver intacto lo que recibimos. Es preciso hacerlo fructificar. Un árbol que no da frutos, es estéril, no es útil. Así también nuestra vida, si no trabajamos con lo que hemos recibido gratuitamente, es decir, no por mérito sino por bondad de quien nos lo entrega.

Esto supone capacidad de arriesgar, vencer el miedo y la comodidad, ser creativos y audaces para administrar nuestra vida en el servicio a los demás.

Hoy también el Papa Francisco nos invita a celebrar la Jornada Mundial de los Pobres, y este año puso como lema: “Tiende tu mano”. De esto se trata el riesgo para hacer fructificar nuestra vida, de “tender nuestra mano”, para que “el otro” pueda apoyarse, sostenerse, levantarse…que esta mano nuestra ofrezca gestos de ternura, caricias, fuerza para los que son más débiles…

Nuestra Hna. Lucía Gil Elizalde, fundadora de nuestra congregación, decía en una de sus cartas a las Hermanas: “Dar sólo lo que se nos exige ¡qué tibieza grande es! Acuérdense de aquello que hemos leído tantas veces: quien pudiendo dar dos no da más que uno, defrauda a Su Dios y Señor en la mitad”

Arriesguemos entonces, para poder vivir una fidelidad creativa. Tendamos nuestra mano y venzamos el miedo que nos paraliza. Así el día que el Señor regrese, podrá llamarnos “servidor bueno y fiel, entra al banquete de tu señor”.

 

 

por Hna María de los Ángeles Puy


domingo, 8 de noviembre de 2020

 

REFLEXIÓN DOMINGO XXXII DURANTE EL AÑO

Mateo 25,1-13

 

Las lecturas de este domingo continúan invitándonos a estar vigilantes, para no perder de vista las manifestaciones de Dios en lo cotidiano de nuestra vida.

Los cristianos somos seres con capacidad de aferrarnos a la esperanza, y esto nos permite abrirnos al futuro, preparándonos a recibir – atentos y perspicaces – aquello que vendrá…

También somos seres necesitados de celebrar, de encuentros personales y vivenciales. No por nada, esta llamada a la vigilancia tiene como marco una fiesta de bodas: celebración del amor y la vida, gozo en el encuentro y deseo de que suceda. No podemos entendernos sin otros…

Pero para participar de esta Fiesta, es necesario estar preparados, ser previsores…no alcanza con tener las lámparas encendidas, porque no sabemos cuánto tardará el Esposo en llegar…hace falta llevar aceite en los frascos para mantener la llama de las lámparas, en caso de que vayan apagándose…

Todos los cristianos recibimos una luz en el Bautismo…y se nos encomienda cuidar de esa luz para que no se apague, alimentando nuestra fe con todo aquello que nos nutra en nuestra vida de seguimiento de Jesús: la oración, el Encuentro con Jesús en la Palabra y la Eucaristía, la caridad…este es el aceite que irá alimentando la lámpara de nuestra vida, para que nuestra luz no pierda brillo ni esplendor… conscientes de que esta luz que irradiamos, no viene de nosotros mismos, sino que, como la luz de la luna refleja la del sol, nuestra luz refleja la luz de Cristo.


 

El Papa Francisco nos dice en CV 19: “…uno puede pasar su juventud (su vida) distraído, volando por la superficie. O uno puede gastar su juventud (su vida) para cultivar cosas bellas y grandes, y así prepara un futuro lleno de vida y riqueza interior”.

María, Mujer transparente, reflejo toda Ella de la Luz de Dios, nos anime en nuestra vida de seguimiento de su Hijo, para que nunca nos falte la luz de la fe.

 Por Hna María de los Ángeles Puy