Un acercamiento al tema de la juventud y del
deseo como imaginarios, es el reconocimiento de esta categoría como categoría
socio cultural, como una construcción humana que ha sido instituida y
legitimada socialmente. Estos imaginarios se constituyen en matrices de sentido
desde la cual se explican y comprenden estas categorías, pero al mismo tiempo
en mediadores fundamentales desde los cuales estos imaginarios se vivencian. Se
pretende darle especial acento a estas categorías como imaginarios (no sólo
sociales), en tanto le subyace la posibilidad de creación, de resignificación,
de de-construcción y el reconocimiento de la posibilidad de creación de nuevos
juegos de lenguaje, de nuevas metáforas, de nuevos universos simbólicos de
aquellos seres humanos que se vivencian como jóvenes.
A continuación se presenta una posibilidad
de comprensión de la categoría juventud desde el imaginario social instituido y
desde el imaginario radical.
- LA
JUVENTUD COMO IMAGINARIO SOCIAL
INSTITUIDO
La categoría juventud existe en tanto se han
dado condiciones históricas y espacios que han favorecido su existencia, como
son la escuela, la moratoria social y el surgimiento y permanencia de espacios
específicos de consumo y de medios de comunicación que han permitido su
visibilización, así como su constitución como objeto de saber para distintas
disciplinas como la Medicina,
Psiquiatría, Pedagogía, Ciencias Humanas, Demografía, entre otras. La juventud
se constituye en una forma de institución imaginaria al sufrir, mediante las
relaciones sociales, una serie de procesos de aceptación, legitimación y
sanción social. Las instituciones son un conjunto de significaciones que
remiten al ámbito de las aceptaciones colectivas y se constituyen en una
expresión de lo humano, en la medida en que ellas son sólo posibles si están
insertas en una red simbólica. “Las instituciones no se reducen a lo simbólico,
pero no pueden existir más que en lo simbólico, son imposibles fuera de un
simbólico en segundo grado y constituyen cada una su red simbólica”
(Castoriadis 2003:201)
La categoría de juventud como imaginario
social se constituye en una institución que determina a los seres humanos de
las sociedades donde ha sido legitimada. El individuo es una fabricación
social, pero la psique es irreductible a la sociedad, en tanto desborda lo
social y sus contingencias históricas, por tanto los sujetos jóvenes no sólo
han sido determinados como jóvenes, encarnando la categoría, sino que son
capaces de re-significarse en sus identidad(es), en las múltiples y
heterogéneas formas de vivir como joven, de sentirse joven (es), pero además de
re-significar sus formas de relación, así como los espacios simbólicos que
habitan. El ser del grupo y de la colectividad, se define y es definido por los
demás, en relación a un “nosotros”, donde este “nosotros” es ante todo un símbolo,
un nombre que nos remite a un “nosotros”, o sea, “las señas de existencia” de
todo grupo humano.
“Para las colectividades históricas de otros
tiempos, se comprueba que el nombre no se limitó a denotarlas sino que al mismo
tiempo las connotó –y esta connotación remite a un significado que no es ni
puede ser real, ni racional, sino imaginario (sea cual sea el contenido
específico, la naturaleza particular de ese imaginario)” Catoriadis 2003
Para Manuel Antonio Baeza (2000), los
imaginarios sociales se constituyen en singulares matrices de sentido
existencial, como elementos coadyuvantes en la elaboración de sentidos
subjetivos atribuidos al discurso, al pensamiento y a la acción social. Los
imaginarios sociales siempre son contextualizados, ya que les es propia una
historicidad caracterizante; no son la suma de imaginarios individuales: se
requiere para que sean imaginarios sociales una suerte de reconocimiento
colectivo, de tal manera que “los imaginarios pasarían a ser sociales porque se
producirían, en el marco de relaciones sociales, condiciones históricas y
sociales favorables para que determinados imaginarios sean colectivizados, es
decir, instituidos socialmente” (Castoriadis, citado por Baeza)
Shotter (2002) considera que los imaginarios
tienen un carácter dinámico, incompleto y móvil; tienen además la capacidad de
tener atributos “reales” a pesar de que no son localizables ni en el espacio,
ni en el tiempo. Así mismo su poder para operar en las acciones de las personas
a partir de procedimientos socialmente compartibles los constituyen en
elementos coadyuvantes en la interpretación de la realidad social. Su
comprensión nos pone en la necesidad de indagar las prácticas de la gente, los
intersticios, brechas, zonas y límites donde lo imaginario existe y el papel
que en el discurso de las personas pueden desempeñar. Así como también, en el
reconocimiento del sujeto activo que a través del imaginario como fuentes de
creatividad y novedad hace posibles unas formas de vida, unos modos de ser
humano.
Juan Luis Pintos (2000) conceptualiza los imaginarios
sociales como "aquellos esquemas construidos socialmente que nos permiten
percibir, explicar e intervenir en lo que cada sistema social se considere
como realidad". La realidad se construye socialmente mediante
diferentes dispositivos en pugna entre Estado, Mercado y empresas
de construcción de la realidad; a éstas se suman otras
instituciones como las religiosas y educativa que también matizan esa (s)
realidad (es) (desde aquí sostenemos la hipótesis de la categoría joven como
categoría cultural que se ubica dentro del imaginario social). Los imaginarios,
entonces, permitirán a juicio de Pintos, una suerte de distinción/opacidad
(como código/meta-código del programa de constructivismo sistémico propuesto por
el autor) de la realidad de acuerdo a los programas teóricos que los sustentan,
a los cuales denomina de tipo exclusivo y de tipo inclusivo. Dentro de los
programas teóricos exclusivos se encuentran el teológico y el filosófico
ilustrado a los cuales les corresponde una realidad única y la entrega divina o
la búsqueda de una sola verdad; dentro de los programas de tipo inclusivo ubica
el programa sociológico crítico y el constructivismo sistémico a los cuales les
corresponde más de una realidad y al mismo tiempo
el reconocimiento de múltiples verdades. El estudio
de imaginarios de juventud desde los programas teóricos de tipo
inclusivo se convierten a mi juicio en una alternativa plausible
de comprensión de las realidades de los jóvenes, de sus verdades, de
sus formas de relación y de sus mundos simbólicos.
Los planteamientos de Pintos son muy valiosos la hora de
pensar la categoría de juventud y su relación con el consumo, en tanto según él
"los imaginarios sociales tienen una función primaria que se podría
definir como la elaboración y distribución generalizada de instrumentos de
percepción de la realidad social construida como realmente
existente". En esa medida, los objetos de la percepción construidos por
esas empresas constructoras de realidades, son objetos de deseo, que además de
ser admitidos y legitimados socialmente, permiten construir realidades, de tal
manera que se construyen así relevancias (atrayentes y agresivas)
obviamente manipuladas, que promueven el deseo insaciable de consumo. La industria
cultural se podría considerar como una empresa constructora de realidades que
se ofrece en una dimensión simbólica y que se ubica como propuesta de
sentido unidireccional.
"Los materiales sobre los que trabajamos son,
pues, los productos que aparecen en el tejido comunicativo múltiple".
Abarca lo que publican los periódicos y las revistas, lo que
emiten las radios y los canales televisivos, las películas, las músicas; las
diferentes formas del espacio que se expresan en la escultura, la arquitectura
y la forma de construirlo socialmente en el urbanismo, las poesías y las
novelas, los cómics, los sitios de Internet y la omnipresente publicidad. Especialmente
la publicidad en todos sus tipos y soportes, ese nuevo discurso moral que
pretende monopolizar el sentido de nuestras vidas. Ahí se generan las
relevancias que construyen nuestras referencias y que evitan contarnos sus
opacidades." (Pintos 2000)
A la categoría juventud instituida le corresponden diversos
imaginarios sociales desde los cuales se ha intentado explicar e intervenir a
los sujetos jóvenes por las diversas empresas de construcción de la
realidad que nos plantea Juan Luis Pintos como son la escuela, el estado, la
iglesia, los medios de comunicación y la industria cultural. El tema
ha sido abordado por diversas disciplinas del conocimiento que han
ido construyendo y de-construyendo múltiples discursos alrededor de
lo juvenil. Estos discursos se convierten entonces en matrices de sentido
a manera de imaginarios de juventud van siendo instituidos
dependiendo del contexto social en la cual se legitimen y de las
particularidades del momento histórico. Como imaginarios de juventud
instituidos podríamos mencionar entre ellos los siguientes:
LO JUVENIL COMO ETAPA DE TRANSICIÓN:
Edad, cuerpo, ciclo vital, etapa (demografía, psicología,
sociología). Imaginario desde el cual se formulan una política
pública desde el referente de moratoria. En este sentido, la juventud se
entiende como una etapa clave para la integración social, en la cual la gente
joven debe formarse y adquirir todos los valores y habilidades para insertarse
al mundo adulto. Desde esta comprensión, la juventud también es entendida como
grupo etario, como grupo homogéneo que tiene en común un rango de edad, aún sin
delimitar exactamente. Aquí también podemos ubicar la perspectiva generacional,
ya que a mi juicio desconoce las particularidades de los diferentes contextos,
ubicando lo juvenil en las generalidades de diferentes épocas, estereotipando a
los jóvenes de acuerdo a la generación dentro de la cual se les ubique.
COMO PERÍODO DE CRISIS (SUJETOS EN
RIESGO): Adolescente, sujeto en riesgo, crisis, cambio,
que necesita una ley de menores y donde el concepto básico es la
situación irregular. Este imaginario, que ha sido fuertemente instituido,
ha producido la estigmatización de la gente joven como delincuente,
desadaptada, irresponsable, necesitada de control, y en algunos casos,
también de represión. Los resultados de estas investigaciones han servido como
sustento de políticas de readaptación social juvenil, de prevención de la
delincuencia, de legislación y acciones represivas, sustentadas en la
construcción de tipologías fuertemente discriminatorias.
COMO ACTORES ESTRATÉGICOS DEL
DESARROLLO, CIUDADANO PRODUCTOR (lo que implica
definirlos como paradigma del desarrollo). En este sentido, Alpízar y Bernal
(2003) ubican dos perspectivas: la primera refiere al joven como agente de
cambio y la otra como problema de desarrollo. En la primera perspectiva, se
idealiza y se le otorga a los jóvenes la categoría de "agentes de
cambio", de esperanza de cambio de la realidad social. En la segunda
perspectivas al sujeto juvenil se le asume como problema, debido a que es una
población que sufre problemas como el desempleo, la marginalidad y diversos tipos
de exclusión. Esta forma de explicar la juventud se apoya en aspectos
demográficos e información cuantitativa acerca de problemas como desempleo,
tasas de natalidad, nivel de escolaridad, entre otros, para poder plantear alternativas
de integración social desde propuestas que pretenden impactar la política
pública.
Retomaré algunas características que a juicio de
Duarte y Bonder (en Alpízar y Bernal 2003), comparten
los imaginarios sociales instituidos de juventud a nivel de estudios
e investigaciones, debido a que son características que considero se reproducen
socialmente. Para las autoras los imaginarios sociales de juventud que subyacen
son:
HOMOGENEIZANTES: Al considerar que las personas jóvenes tienen características, necesidades, visiones o condiciones de vida iguales y homogéneas, desconocidas de la diversidad.
ESTIGMATIZANTES:
Generadores y verificadores de estereotipos y prejuicios (criminalización de la
pobreza).
INVISIBILIZACIÓN
DE LAS MUEJERES JÓVENES: Se asume desde una perspectiva androcéntrica que
las mujeres jóvenes están contenidas en el genérico
"jóvenes", desconociendo las especificidades del género.
El imaginario social de juventud instituido va legitimando y
reproduciendo socialmente la exclusión no sólo de lo femenino, sino también de
aquellas y aquellos que no tienen las mínimas condiciones para entrar en las
dinámicas de consumo (falsa inclusión), o para garantizar su moratoria social.
Se ha ignorado también la perspectiva de los sujetos juveniles, sus
particularidades y las particularidades de sus contextos, así como las
contingencias de sus experiencias vitales como elementos determinantes a la
hora de vivirse como jóvenes. Lo que se legitima primordialmente es la mirada
homogeneizante y de desviación social que, desde la perspectiva adultocéntrica
trata de de explicar e intervenir a los jóvenes (legitimación social se da
fundamentalmente en los escenarios de diseño y ejecución de la política pública
y de la academia), y por último, el imaginario de juvenilización propuesto por
la industria cultural, en la cual se visibiliza al sujeto joven, en tanto
sujeto consumidor, al cual desde la carencia se le crea un flujo incesante de
necesidades y deseos.
2. JÓVENES E IMAGINARIO RADICAL
A la capacidad de la psique de crear un flujo
constante de representaciones, deseos y afectos, se le
denomina imaginario radical (como fuente de creación) (Franco 2003).
El imaginario radical es el imaginario individual o imaginación radical, pero
el imaginario social no es la suma de imaginarios radicales, ni la
parte común, ni la "media". Lo que el individuo es capaz de producir
no son instituciones, son fantasmas privados (Castoriadis 2003). El ser humano
del imaginario radical es un ser humano que dispone de unos significantes
colectivamente disponibles, que le permite hacer de
las imágenes símbolos. Estos significantes colectivos
son para Rorty (1996) herramientas del lenguaje que nos constituyen y que se
expresan a través de nuestra conciencia, nuestra cultura, nuestra forma de
vida.
La perspectiva de un sujeto del imaginario radical, de
un sujeto creador del sí mismo, no debe llevarnos a desconocer la existencia de
lo social como punto precedente del imaginario radical. Los léxicos fundadores
serán prestados del léxico de la cultura que van a sustituir (imaginario social
instituido). Sólo cuando la otra cultura ha entrado en crisis empezará
a tomar forma la nueva terminología (Rorty 1996). El sujeto juvenil
es creado y es creador a la luz del imaginario social que le ha sido instituido,
no sólo por su capacidad de generación de lo nuevo, sino por la capacidad de
desplazamiento de sentido, acorde con el concepto de imaginario que nos propone
Cornelius Castoriadis: "hablamos de imaginario cuando queremos hablar de
algo "inventado"- ya se trate de un "invento absoluto" (una
historia de cabo a rabo), o de un deslizamiento o desplazamiento de
sentido, en el que unos símbolos ya disponibles están investidos con
otras significaciones que las suyas "normales o canónicas". Los
jóvenes es sus diferentes formas de agrupación juvenil, desarrollan procesos de
creación de nuevos estilos que podrían ubicarse, entre otros en la música, la
moda, en las prácticas corpóreas, en estilo de vida acordes con sus procesos de
creación también desarrollan procesos de desplazamiento de sentido al reciclar
y mezclar estilos y estéticas juveniles preexistentes. "Lo esencial de la
creación no es "descubrimiento", sino constitución de lo nuevo; el
arte no descubre, constituye; y la relación de lo que constituye con
lo "real", relación de verificación. Y, en el plano social, que es
aquí nuestro interés central, la emergencia de nuevas instituciones y de nuevas
formas de vivir, tampoco es un descubrimiento, es una constitución activa.
El sujeto joven del imaginario radical es el sujeto de la
creación, ese que desborda lo preexistente, lo unidireccional y lo previsto, o
que se comprende como lo real y mediante su constitución activa hace emerger
nuevos encadenamientos de significantes, nuevas relaciones entre significantes y
significados, nuevas formas de apropiación de los espacios simbólicos, de
objetos y escenarios pensados con otro propósito, con otros fines. En ese
sentido, los jóvenes construyen en esos intersticios que aquellos discursos
pre-existentes no alcanzaron, en esos espacios de libertad que el simbolismo no
alcanzó a determinar.
“Jamás podremos salir del lenguaje, pero nuestra movilidad en el
lenguaje no tiene límites y nos permite poner todo en cuestión, incluso el
lenguaje y nuestra relación con él”. A este lenguaje del cual Castoriadis
afirma jamás podremos salirnos, Richard Rorty lo llama “léxico último”, como ese repertorio de palabras desde las cuales
narramos la historia de nuestra vida. Es último porque es el límite hasta donde
llegamos con el lenguaje
[…]
Los imaginarios como constructos de sentido se
constituyen en formas creativas de vivenciar el futuro, al articular la
imaginación a los diferentes ámbitos de la vida social, en el
imaginario se construyen nuevas formas de vivir. El imaginario no deberá
entenderse entonces como imagen de, sino como creación incesante e
indeterminada, ubicada en las subjetividades particulares, por tanto
reconociendo la existencia de un sujeto de la imaginación y del deseo (Baeza
2000). El sujeto que se construye a sí mismo, que es capaz de soñar,
de desear y de apostarle a las utopías posibles, es el sujeto con imaginario
radical, un sujeto experiencial cuyos itinerarios fractales son construidos en
relación y con intencionalidad, relación dada en dos planos: con los otros y en
situación. La fractalidad de sus itinerarios de vida equivale "a señalar
que, al caminar, vamos transformando ya el futuro más inmediato en
pasado, simultáneamente vamos transformando ya el espacio vacío, desconocido y
homogéneo, en espacio poblado, conocido y heterogéneo. No obstante, este
poblamiento, conocimiento y heterogeneidad son siempre provisorios, por cuanto
serán válidos parcial o totalmente -sólo hasta el próximo paso"
(Baeza 2000)
En esta perspectiva se ubica la dimensión cultural:
como prácticas de libertad, como capacidad para inventarse la vida (Marín y
Muñoz 2002). La juventud como construcción sociocultural a la que le
corresponde una historicidad caracterizante que renuncia a la idea de
universalización de la categoría, dando un gran acento a los detalles
contingentes de lo juvenil, sus formas de expresión y su diversidad; lo que
implica reconocer las mutaciones que sufren los sujetos, los tránsitos y
recorridos por las culturas juveniles y la generación de nuevas formas de ser,
en medio de unas culturas que también mutan y se renuevan
permanentemente.
La dimensión
cultural busca visibilizar a las y los jóvenes como productores
(as) de sentidos y sinsentidos. Lo que implicaría "un cambio en las
miradas tradicionales de pensar lo juvenil, trascender lo sectorial, pensar lo
transdisciplinar. Implica también una forma de rechazo a la nueva cartografía
de las visibilidades que pretende visibilizar las relaciones sociales y
simbólicas, y la producción cultural para luego ser utilizada y domesticada en
la mercantilización de la vida cotidiana y la industrialización de los bienes
simbólicos" (Hurtado 2004).
La "naturalización" del orden social se da a través
del sometimiento de los sujetos a las significaciones imaginarias
sociales. Según la interpretación de Franco (2003),
este planteamiento contrapone dos proyectos a juicio de Castoriadis:
uno de cierre y de clausura de lo instituido, en términos de la categoría
juventud como moratoria social, sujetos en riesgo, actores estratégicos del
desarrollo y, el otro, como proyecto de creación y autonomía: "La
dimensión cultural". Ambos proyectos hacen parte del imaginario, pero el
proyecto de creación es el que permite instituir nuevas significaciones
imaginarias.
Los jóvenes del imaginario radical son jóvenes que
lograron modificar, mediante su compromiso contingente, su lugar y su función
en el tejido social; son los jóvenes
que instituyeron nuevas significaciones imaginarias sociales
a partir del imaginario social instituido, constructores de nuevas
metáforas que complejizaron su comprensión. El proyecto de autonomía y de
creación es una manera de expresión del deseo, de buscar sus propias metáforas
para sus fantasías, metáfora que expresen sus imaginarios radicales, pero al
mismo tiempo que reconozcan sus formas alternativas de socialización.
Deibar Hurtado
(De
la revista "Cinta de Moebio")
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile
Reflexiones sobre la Teoría de Imaginarios: Una posibilidad de comprensión desde lo instituido y la imaginación radical
“Los colectivos toman lo que existe
para crear formas nuevas, impredecibles;
producen en un determinado momento
una ruptura de las significaciones imaginarias
para dar lugar a lo nuevo”
Encuentro imaginario de Yago Franco y Cornelius Castoriadis