martes, 17 de marzo de 2015

San José

     
Hacé nuestro corazón semejante al Tuyo

'   Altarcito: la Palabra abierta en Mateo 1,18-25 (si bien no la proclamaremos, su presencia simboliza un Dios que habla, llama, nos invita a oír); una imagen de la Virgen; alguno de los documentos para el Año de la Vida Consagrada, si se quiere.
'        Bienvenida y ambientación: nos acogemos mutuamente, miramos quiénes somos los/as que compartiremos este momento de oración reflexionando y pidiendo a Dios que suscite vocaciones.
      Palabras del Papa: con estas palabras, Francisco nos convoca a Consagradas y laicas/os a vivir este año: (si queremos podemos leerlas, o simplemente comentarlo):
Con esta carta me dirijo, además de a las personas consagradas, a los laicos que comparten con ellas ideales, espíritu y misión. Alrededor de cada familia religiosa existe una familia más grande, la «familia carismática», que comprende cristianos laicos que se sienten llamados, precisamente en su condición laical, a participar en el mismo espíritu carismático.
También los animo a ustedes, fieles laicos, a vivir este Año de la Vida Consagrada como una gracia que los puede hacer más conscientes del don recibido. Celebradlo con toda la «familia» para crecer y responder a las llamadas del Espíritu en la sociedad actual.
Invito a todos a unirse en torno  a las personas consagradas, a alegrarse con ellas, a compartir sus dificultades, a colaborar con ellas en la medida de lo posible, para la realización de su ministerio y sus obras, que son también las de toda la Iglesia. Háganles sentir el afecto y el calor de todo el pueblo cristiano.
Bendigo al Señor por la feliz coincidencia del Año de la Vida Consagrada con el Sínodo sobre la familia. Familia y vida consagrada son vocaciones portadoras de riqueza y gracia para todos, ámbitos de humanización en la construcción de relaciones vitales, lugares de evangelización. Se pueden ayudar unos a otros.[1]


 Y con respecto a los/as jóvenes, nos invita a formarnos para ser “callejeros de la Fe”:
Ayudar a nuestros jóvenes a redescubrir el valor y la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios. Esto es muy difícil, pero cuando un joven lo entiende, un joven lo siente con la unción que le da el Espíritu Santo, este “ser amado personalmente por Dios” lo acompaña toda la vida después. La alegría que ha dado a su Hijo Jesús por nuestra salvación. Educarlos en la misión, a salir, a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe. Así hizo Jesús con sus discípulos: no los mantuvo pegados a él como la gallina con los pollitos; los envió.[2]
'        Vamos a reflexionar sobre la VOCACIÓN a la luz del llamado y la misión del Buen José:
 El Verbo y el silencio
El Verbo de Dios quiso hacerse hijo adoptivo del silencio humano. Para eso necesitaba de un hombre con capacidad de silencio. Y necesitaba de la noche para llegar hasta el silencio con su Palabra.
La noche es el tiempo del oído: por eso el silencio allí se hace fecundo. Porque en la noche el oído se ve obligado a exagerar el silencio para poder estar a la escucha.
Y a José se le había hecho la noche. Tal vez la primera de esa serie que tendría que ir aceptando en su fidelidad a la Palabra. Por más que revolvía en su silencio, nada lograba comprender. María, su prometida estaba embarazada. Esperaba un hijo. Y esto sucedía sin que hubieran convivido. Algo nuevo se estaba gestando en María de lo que aparentemente José era excluido. Y la noche de una dolorosa alternativa lo embretaba a José en su silencio.
-¿Era aquello fruto de un pecado de infidelidad?
José no podía suponer eso de María. Era justo y recto y no quería difamarla.
-¿Era aquello de Dios?
Entonces José debía sencillamente retirarse. Porque Dios parecía excluirlo de su actuar en María, ya que Dios guardaba silencio.
Y José optó por el silencio, lo mismo que Dios. Decidió dejarla en secreto. Y fue entonces cuando Dios intervino en su silencio y lo llenó con su Palabra:
-José, descendiente de reyes, no tengás miedo y aceptá a María, porque lo que en Ella se está gestando es obra del Espíritu Santo. Ella dará a luz a un hijo, pero serás vos quien asumirá la responsabilidad de ser ante los hombres su padre. Vos le pondrás el nombre. Lo llamarás: Jesús, porque Él salvará a su pueblo del pecado.
Despertado por la Palabra de Dios, José obedeció. Porque en el silencio de la noche José había escuchado la voz de Dios que lo invitaba a participar plenamente en el misterio de la gran liberación de su pueblo. Lo invitaba a ser el padre adoptivo de Jesús, el que salvaría a su pueblo de todos sus pecados y de todas las consecuencias del pecado.
María también había optado por el silencio. Ella amaba a José, y deseaba que Dios también mirara su sencillez y que hiciera en él maravillas, porque deseaba que José fuera feliz. Pero no le tocaba a ella invitar a José a participar del misterio de Dios.
Por eso María calló, esperando que Dios hablara. Y cuando Dios habló ya no fueron necesarias las palabras. Desde ese momento José la llevó a su casa, y comenzó para los dos la fidelidad al mismo Verbo de Dios.
Toda la vida de José sería eso: ser un servidor fiel de la Palabra de Dios que había recibido María. Y para ello tendría que tener muy atento el oído en las noches, siempre a la escucha de lo que Dios le fuera revelando.
Porque el silencio humano que Dios fecunda no es el de aquel que está callado, sino el de aquel que está a la escucha.
                                                              (Mamerto Menapace, “Fieles a la Vida”)

'        Miramos nuestro propio corazón…las veces en que sentimos que atravesamos situaciones que podríamos nombrarlas como “noche”.
      ¿Y en este momento? ¿Qué invitación nos puede estar haciendo Dios? ¿Tenemos temores? La invitación es reflexionar en silencio, ir con José al sagrario de nuestro corazón, dejar que él nos enseñe a hacer silencio para escuchar la propuesta de Dios.

'                   Moldeando nuestro corazón… en ese espacio sagrado, donde Dios nos susurra su Proyecto, y donde nuestro entusiasmo se va entretejiendo con nuestros temores o límites, ahí, se gestan nuestros deseos, decisiones, respuestas… como en la vida de José.

Queremos que nuestro corazón se parezca al de Jesús, queremos dejar que nuestro corazón se impregne de sus sentimientos. La Carta “Alégrense”  nos da algunas pistas para esta tarea de modelado:

“Al llamarlos Dios les dice: “¡Tú eres importante para mí, te quiero, cuento contigo!” Jesús a cada uno de nosotros nos dice esto. ¡De ahí nace la alegría! La alegría del momento en el que Jesús me ha mirado. Comprender y sentir esto es el secreto de nuestra alegría. Sentirse amado por Dios, sentir que para Él no somos números, sino personas; y sentir que es Él quien nos llama. […]
(El Papa) Nos invita a detenernos con paz, como peregrinación interior, en el horizonte de la primera hora, donde los espacios están caldeados de relación amistosa, la inteligencia se abre al misterio, la decisión entiende que es bueno entregarse al seguimiento de ese Maestro que sólo tiene palabras de vida eterna. Nos impulsa a hacer de toda la existencia una peregrinación de transformación en el amor”. 

* podemos compartir: ¿Qué despierta en nosotras/os sentir que Jesús cuenta con nuestro “Sí”? ¿Que nos dejan los textos?

Nosotras/os que nos sentimos hermanados en esta peregrinación de transformación en el amor, reconocemos que necesitamos y queremos que otros/as se sumen a este hermoso camino de discipulado. Como comunidad humana, eclesial, sabemos todo el bien que pueden hacer l@s amig@s consagrad@s de Jesús. Por eso pedimos que quienes se sienten llamados a consagrar su vida a Dios, no tengan miedo…

'        A cada intención respondemos: “necesitamos callejeros de la Fe
* Para compartir la vida con ternura y compasión:
* Para llevar el abrazo y la consolación de Dios, que se inclina con ternura hacia nosotros:
* Para hacer crecer la cultura del encuentro:




[1] CARTA APOSTÓLICA del Santo Padre Francisco A TODOS LOS CONSAGRADOS con ocasión del año de la vida consagrada

[2] https://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130727_gmg-omelia-rio-clero.html

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